Sobre DRY y el 15M

Hace un par de días, recibimos en el correo de comunicación un bonito escrito firmado por Isabel donde nos contaba por qué pertenece al movimiento 15M y los sentimientos que éste le despierta. Lo compartimos con tod@s vosotr@s:

POR QUÉ ME GUSTA EL 15M

Y ¿cómo podría no gustarme? Mucho antes de que existieran como grupo con
nombre yo ya los añoraba, muchos años antes de que empezaran a manifestarse yo
clamaba por algo similar. Mi familia y amigos son testigos de que llevo mucho tiempo
preguntando y preguntándome por qué toleramos todo esto que está pasando. Ya en
tiempos de Aznar cuando se jactaba de que en España había 40 millones de
millonarios (je, je) yo me indignaba y me preguntaba ¿por qué no se pasa un solo día
por los despachos de Caritas (donde llevo colaborando más de 20 años) o por los
servicios sociales? ¿No se dan cuenta de que esta situación no es sostenible? ¿Cómo
se puede hacer un negocio de algo tan indispensable como la vivienda? Se
escandalizan porque es anticonstitucional hablar tal o cual lengua en las instituciones
y otras cosas por el estilo… ¿No es anticonstitucional no tener acceso a una vivienda
con el propio salario? ¿No es anticonstitucional estar años y años sin trabajo? ¿Cómo
se puede permitir que algunos hagan negocio con bienes imprescindibles a los que
cada vez menos gente tiene acceso? ¿No hay nadie capaz de legislar de un modo
justo y equitativo para defender los derechos de los más vulnerables? Y aún quedaba
por llegar el escándalo del rescate multimillonario a los bancos, ¿no les están
premiando por hacerlo rematadamente mal a causa de su avaricia para que, además
sigan llenándose los bolsillos con el dinero de los demás? Y ¿qué decir de la perversa
actuación de las todopoderosas agencias de calificación? Francamente, no entiendo
nada, ¿dónde quedan las personas? ¿Por qué no estamos todos gritando en las
calles?

Los más entendidos me contestaban que los que legislan son los que hacen
las leyes para protegerse a sí mismos, que los gobiernos no gobiernan ellos sino los
mercados, que los que podrían cambiar la ley electoral son los interesados en que
nada cambie. ¿Por qué es obligatorio tener el dinero que uno gana con el sudor de su
frente en un banco que le roba con toda la legalidad? ¿Por qué no se puede hacer
nada?

Me llegó la noticia de la manifestación del 15 de mayo, convocada por
Democracia Real Ya (de quien nunca había oído hablar) a través de una hija que
trabaja en una ONG ¡en Guatemala! y de otra amiga de esa misma ONG en España y
pensé que había que ir, aunque fuéramos cuatro gatos. Hace tiempo participé en el
movimiento de la RCADE (red ciudadana por la abolición de la deuda externa) y
aunque al principio éramos muchos, la cosa fue decayendo y acabamos siendo solo
unos pocos en las manifestaciones finales. El caso es que pensé que había que ir
aunque fuéramos pocos.

Mi sorpresa fue al salir de la boca del metro en Cibeles y ver el enorme gentío
allí acumulado. No sabía si llorar de emoción o si reír de alegría, pero la impresión fue
verdaderamente inolvidable, más aún cuando no estoy en facebook y no entendía
como se podía haber puesto tanta gente de acuerdo sin un solo anuncio en los
periódicos, ni carteles en las calles, nada. Para mí, algo estaba cambiando y me
alegraba profundamente por ello.

Luego vino lo de la acampada en Sol y todo lo que eso suponía, la solidaridad
de la gente que se acercaba por allí llevándoles comida, animándoles, su
comportamiento cívico, organizado y no violento, su capacidad para aguantar y
trabajar… En fin eso es noticia conocida de todo el mundo y, aunque ya no estoy en
edad de acampar porque ya soy abuela múltiple, me alegraba con todo lo que seguía
pasando.

Pronto empezaron las asambleas en los barrios y allí sí que estuve desde el
primer día, a finales de mayo en la asamblea popular de Tetuán. Empezaron por
explicarnos lo que era una asamblea popular de barrio y cómo se iban a desarrollar.
La verdad es que pocas veces he oído hablar de una forma más comprensiva,
incluyente, fraternal y humana: que todos puedan expresar lo que necesitan
comunicar, que hay que escuchar a todos, que hay que tener paciencia con los que no
se expresan con tanta facilidad, que todos tenemos el mismo valor, que las
necesidades de alguien del barrio son las de todos, que no se pueden permitir
injusticias cometidas a los que viven a nuestro lado, en fin, cosas que no había oído
desde hacía mucho tiempo.

Esa capacidad para pensar en los más débiles, las concentraciones para evitar
desahucios a personas sin recursos, la firme voluntad de permanecer pacíficos y no
violentos en todas las actuaciones, la disciplina de no hacer caso de informaciones
sesgadas que aparecían en los medios de comunicación con el fin de destruirlos, de
desprestigiarlos y demonizarlos, la organización de cenas o fiestas para seguir
conociéndose y creando una auténtica comunidad, la creatividad de las consignas que
quedan patentes en las manifestaciones, la capacidad de trabajo desinteresado por
parte de las múltiples comisiones que se fueron formando y, en fin, la tenacidad de
continuar durante todo el verano sin desánimo.

En alguna asamblea se planteó si interesaba seguir con las asambleas de
barrio y allí se oyeron testimonios de lo más emotivos, de que era milagroso que esto
hubiera sobrevivido después de un verano, que una cosa así no había pasado nunca,
que era un lugar donde la gente podía expresar sus necesidades, que enternece ver
cómo la gente sigue acudiendo a reunirse para enterarse y comunicar cosas que de
verdad importan, alguno decía ¡estoy enamorado! Y ¿quién no?

Asistí a la manifestación de junio, organizada en columnas que se iban
encontrando y había una explosión de alegría al reunirse para seguir el camino juntos,
a la reunión de bienvenida organizada por Democracia Real Ya en la Tabacalera, a la
acogida de las marchas indignadas en julio y, por supuesto, a la multitudinaria
manifestación del 15O. No necesito cifras de participación, yo estuve allí y lo vi,
marché al lado de todas aquellas personas, respiré con ellas, grité con ellas, fui una
más entre ellas.

No sé qué más puedo decir, como no sea expresar mi más ardiente deseo de
que esto no decaiga, que es necesario un movimiento ciudadano de esta naturaleza,
que no podemos seguir condescendiendo con un sistema que arruina la vida cada vez
de más personas, que es preciso seguir en la lucha aunque muchos digan que esto no
lleva a ninguna parte, que no tiene futuro y que los de siempre nos seguirán
manipulando y mangoneando. Por lo menos nos sentimos personas y eso ya vale
como objetivo para llenar una vida. No protestar siquiera ante las injusticias es
colaborar con ellas, ya es hora de decir que no somos estúpidos, que no nos engañan,
que no nos representan, que ya basta.

Francamente, no sabía que en España, en Madrid o en mi propio barrio
hubiera tanta gente magnífica, extraordinaria, solidaria, generosa, pacífica, fraternal,
humana con mayúsculas. Para mí, descubrirlo ha sido un soplo de aire nuevo, algo
que ya no pensaba que podría vivir a mi edad.

Por todo esto me gusta y me siento parte del 15M, pase lo que pase en el
futuro, habrá sido un acontecimiento vital que nunca olvidaré y en el que permaneceré
siempre.

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