Arte contra la privatización del Canal

El pasado sábado salió el Sol para la Asamblea-fiesta que se realizó en el parque de Santander para unir fuerzas contra el proceso de privatización del Canal de Isabel II. Os traemos hoy algunos de los frutos de la jornada: un teatrillo y un cuento, los dos maravillosos, hechos por compañeros de la asamblea:

Un cuento…

…y una pequeña representación teatral

También puedes leer el cuento:

Sucedió como suceden las cosas que acaban sucediendo que había una vez, en una ciudad no muy lejos de aquí, hace un tiempo, no muy lejano, que llegó una genio malvada, lo que viene a ser una “Mal genio” acompañada de cuarenta ladrones y ladronas que querían ganar mucho, mucho dinero. Sucedió como suceden estas cosas que, como la gente de la ciudad tenía poco, poco dinero, empezaron a privatizar lo que era de todos para que lo comprara alguno de los cuarenta ladrones o ladronas.

Primero se quedaron con el chocolate y la gente descubrió el verdadero sabor de la fruta. Cuando privatizaron la fruta la gente empezó a beber cerveza, que también encarecieron, lo que permitió a la gente descubrir el sabor del té. A estas alturas casi todo estaba ya en poder de alguno de los ladrones, alguna de las ladronas o de la Mal Genio que decidió comprar no sólo el té sino también el agua, el azúcar y dar a su ladrón preferido el monopolio de la sacarina.

A partir de entonces se dio orden de vender el agua en botellitas a precios tan altos que la gente no podía pagarlos. Una semana estuvo la gente sin beber pero cuando se cumplieron ocho días, muertos de sed y sucios; las personas empezaron a beber el agua de los charcos. La limpiaban y la repartían sin derrochar ni una gota hasta que Mal genio, enfadada; ordenó privatizar los charcos. Después de cada lluvia, educadores explotados por doña Mal Genio vallaban cada charco prohibiendo a los niños jugar en ellos y haciendo que los ciudadanos y ciudadanas volvieran a tener sed.
Pasaron ocho días hasta que las personas empezaron a pedir a las plantas el rocío de cada madrugada.

-¡Está prohibido vender rocío y será castigado con una severa poda regalarlo! – Dijo Mal Genio.

Las plantas, rebeldes, dejaron de tener hojas en acto de protesta a lo que la Mal Genio respondió levantando altos muros alrededor de cada planta para que la gente no lo viera, además de, para que siguiera existiendo el color verde más allá de la ropa, abrió maravillosos y amplios campos de golf para que los turistas no se vieran afectados.

Con más sed que el día anterior y menos que el siguiente, todo el mundo comenzó a beber niebla. Por la mañana temprano, la gente abría las ventanas y absorbía todo lo que eran capaces de absorber.

-¡Privatizaré la niebla y prohibiré las ventanas! – Gritó la Mal Genio.
Así se hizo, la empresa del cuarto ladrón se quedó con la niebla y cada mañana mandaba a educadores a recoger toda la niebla con una aspiradora muy grande. Pero claro, llegó el frío, y cuando llegó todos y todas empezaron a recoger el hielo y la nieve de las calles para derretirlo con calor. Esta situación la resolvió doña Mal Genio, expedientando al frío por fraude de ley y al calor por complicidad necesaria.

Desesperados los sedientos se manifestaron en un día de lluvia descubriendo que podían bebérsela y Mal Genio invirtió todo el dinero recaudado en la privatización en construir un enorme paraguas que cubriera toda la ciudad. Desde entonces ningún ciudadano ni ciudadana podía ver ni al sol, ni a la luna, ni a las estrellas, ni a los colores del arco iris. Los románticos dejaron de pagar su impuesto de luna, las presumidas y los presumidos que querían estar morenos dejaron de pagar el impuesto del sol, las científicas e idealistas el de las estrellas a lo que se unieron los poetas a la vez que las poetisas, los que hablaban en prosa y a los que les gustaba señalar. Así empezó la revolución a la que Mal Genio asesorada por sus cuarenta ladrones y ladronas reprimió duramente.

Tan dura fue Mal Genio y su séquito, que todos y todas empezaron a llorar y así a beber sus lágrimas y a no tener sed.

-Inaudito – Grito Mal Genio que privatizó tres horas después la tristeza de la gente y luego la alegría cuando se dio cuenta que se podía llorar de risa. Los objetos punzantes, los recuerdos, los chistes buenos y malos y las conjuntivitis decidiendo al final, por ser más prácticos, sacar una ley a partir de la cual, todas y cada una de las personas serían privatizadas obligatoriamente sin posibilidad de oponerse a ello.
Puestos en venta para ser privatizados, nadie quería comprar a los demás y nadie quería que lo compraran y para entonces los cuarenta ladrones y ladronas estaban ya arruinados por los pocos ingresos del mundo en general.

Sucedió, como suceden las cosas que acaban sucediendo, que en las asambleas hubo un consenso para que todos se regalaran a todos y juntar todos los ahorros para comprar a la Mal Genio. Con los ahorros les sobró para comprar también a 38 ladrones y los otros dos, al sentirse solos se pusieron en oferta. A todos ellos se les metió en una botella amplia para que tuvieran espacio y se echó la botella al mar para que viajaran, viajaran bien lejos de allí, claró está, en un mar público.

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