Por qué me gusta el 15M

Hoy compartimos un escrito de una compañera de la Asamblea Popular de Tetuán que nos ha emocionado antes en nuestas listas de correos. Un texto en el que muchas nos encontramos, un texto que sí nos representa.

Y ¿cómo podría no gustarme? Mucho antes de que existieran como grupo con nombre yo ya los añoraba, muchos años antes de que empezaran a manifestarse yo clamaba por algo similar. Mi familia y amigos son testigos de que llevo mucho tiempo preguntando y preguntándome por qué toleramos todo esto que está pasando. Ya en tiempos de Aznar cuando se jactaba de que en España había 40 millones de millonarios (je, je) yo me indignaba y me preguntaba ¿por qué no se pasa un solo día por los despachos de Caritas (donde llevo colaborando más de 20 años) o por los servicios sociales? ¿No se dan cuenta de que esta situación no es sostenible? ¿Cómo se puede hacer un negocio de algo tan indispensable como la vivienda? Se escandalizan porque es anticonstitucional hablar tal o cual lengua en las instituciones y otras cosas por el estilo… ¿No es anticonstitucional no tener acceso a una vivienda con el propio salario? ¿No es anticonstitucional estar años y años sin trabajo? ¿Cómo se puede permitir que algunos hagan negocio con bienes imprescindibles a los que cada vez menos gente tiene acceso? ¿No hay nadie capaz de legislar de un modo justo y equitativo para defender los derechos de los más vulnerables? Y aún quedaba por llegar el escándalo del rescate multimillonario a los bancos, ¿no les están premiando por hacerlo rematadamente mal a causa de su avaricia para que, además sigan llenándose los bolsillos con el dinero de los demás? Y ¿qué decir de la perversa actuación de las todopoderosas agencias de calificación? Francamente, no entiendo nada, ¿dónde quedan las personas? ¿Por qué no estamos todos gritando en las calles?
Los más entendidos me contestaban que los que legislan son los que hacen las leyes para protegerse a sí mismos, que los gobiernos no gobiernan ellos sino los mercados, que los que podrían cambiar la ley electoral son los interesados en que nada cambie. ¿Por qué es obligatorio tener el dinero que uno gana con el sudor de su frente en un banco que le roba con toda la legalidad? ¿Por qué no se puede hacer nada?

Me llegó la noticia de la manifestación del 15 de mayo, convocada por Democracia Real Ya (de quien nunca había oído hablar) a través de una hija que trabaja en una ONG ¡en Guatemala! y de otra amiga de esa misma ONG en España y pensé que había que ir, aunque fuéramos cuatro gatos. Hace tiempo participé en el movimiento de la RCADE (red ciudadana por la abolición de la deuda externa) y aunque al principio éramos muchos, la cosa fue decayendo y acabamos
siendo solo unos pocos en las manifestaciones finales. El caso es que pensé que había que ir aunque fuéramos pocos.

Mi sorpresa fue al salir de la boca del metro en Cibeles y ver el enorme gentío allí acumulado. No sabía si llorar de emoción o si reír de alegría, pero la impresión fue verdaderamente inolvidable, más aún cuando no estoy en facebook y no entendía como se podía haber puesto tanta gente de acuerdo sin un solo anuncio en los periódicos, ni carteles en las calles, nada. Para mí, algo estaba cambiando y me alegraba profundamente por ello.

Luego vino lo de la acampada en Sol y todo lo que eso suponía, la solidaridad de la gente que se acercaba por allí llevándoles comida, animándoles, su comportamiento cívico, organizado y no violento, su capacidad para aguantar y trabajar… En fin eso es noticia conocida de todo el mundo y, aunque ya no estoy en edad de acampar porque ya soy abuela múltiple, me alegraba con todo lo que seguía pasando.

Pronto empezaron las asambleas en los barrios y allí sí que estuve desde el primer día, a finales de mayo en la asamblea popular de Tetuán. Empezaron por explicarnos lo que era una asamblea popular de barrio y cómo se iban a desarrollar. La verdad es que pocas veces he oído hablar de una forma más comprensiva, incluyente, fraternal y humana: que todos puedan expresar lo que necesitan comunicar, que hay que escuchar a todos, que hay que tener paciencia con los que no se expresan con tanta facilidad, que todos tenemos el mismo valor, que las necesidades de alguien del barrio son las de todos, que no se pueden permitir injusticias cometidas a los que viven a nuestro lado, en fin, cosas que no había oído desde hacía mucho tiempo.

Esa capacidad para pensar en los más débiles, las concentraciones para evitar desahucios a personas sin recursos, la firme voluntad de permanecer pacíficos y no violentos en todas las actuaciones, la disciplina de no hacer caso de informaciones sesgadas que aparecían en los medios de comunicación con el fin de destruirlos, de desprestigiarlos y demonizarlos, la organización de cenas o fiestas para seguir conociéndose y creando una auténtica comunidad, la creatividad de las consignas que quedan patentes en las manifestaciones, la capacidad de trabajo desinteresado por parte de las múltiples comisiones que se fueron formando y, en fin, la tenacidad de continuar durante todo el verano sin desánimo.

En alguna asamblea se planteó si interesaba seguir con las asambleas de barrio y allí se oyeron testimonios de lo más emotivos, de que era milagroso que esto hubiera sobrevivido después de un verano, que una cosa así no había pasado nunca, que era un lugar donde la gente podía expresar sus necesidades, que enternece ver cómo la gente sigue acudiendo a reunirse para enterarse y comunicar cosas que de verdad importan, alguno decía ¡estoy enamorado! Y ¿quién no?

Asistí a la manifestación de junio, organizada en columnas que se iban encontrando y había una explosión de alegría al reunirse para seguir el camino juntos, a la reunión de bienvenida organizada por Democracia Real Ya en la Tabacalera, a la acogida de las marchas indignadas en julio y, por supuesto, a la multitudinaria manifestación del 15O. No necesito cifras de participación, yo estuve allí y lo vi, marché al lado de todas aquellas personas, respiré con ellas, grité con ellas, fui una más entre ellas.

No sé qué más puedo decir, como no sea expresar mi más ardiente deseo de que esto no decaiga, que es necesario un movimiento ciudadano de esta naturaleza, que no podemos seguir condescendiendo con un sistema que arruina la vida cada vez de más personas, que es preciso seguir en la lucha aunque muchos digan que esto no lleva a ninguna parte, que no tiene futuro y que los de siempre nos seguirán manipulando y mangoneando. Por lo menos nos sentimos personas y eso ya vale como objetivo para llenar una vida. No protestar siquiera ante las injusticias es colaborar con ellas, ya es hora de decir que no somos estúpidos, que no nos engañan, que no nos representan, que ya basta.
Francamente, no sabía que en España, en Madrid o en mi propio barrio hubiera tanta gente magnífica, extraordinaria, solidaria, generosa, pacífica, fraternal, humana con mayúsculas. Para mí, descubrirlo ha sido un soplo de aire nuevo, algo que ya no pensaba que podría vivir a mi edad.

Por todo esto me gusta y me siento parte del 15M, pase lo que pase en el futuro, habrá sido un acontecimiento vital que nunca olvidaré y en el que permaneceré siempre.

Isabel

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