Ridículo espantoso de Bankia. Cierran dos sucursales e impiden entrada a los clientes para evitar recibirnos

oficina averiadaEsta mañana, un grupo de vecinas de Tetuán y otros barrios (¡gracias!) hemos acudido a la sucursal de Bankia de la calle Francos Rodríguez 33. Acompañábamos a Luisa, que iba a entregar un escrito en respuesta a una comunicación de la entidad negándole la condonación de la deuda y el alquiler social. Al entrar en la sucursal, nos hemos encontrado que la puerta interior estaba cerrada, con un cartel que rezaba “oficina averiada”. La situación parecía extraña, pues hasta hacía unos minutos los clientes habían entrado y salido con normalidad. En medio de una situación surrealista, tratamos de comunicarnos con los empleados a través del cristal. Nos dijeron que los sistemas informáticos estaban averiados, a lo que respondimos que no necesitábamos realizar ninguna operación y solo queríamos hablar con el director. Aunque resulte extraño que un director pueda verse afectado en sus funciones vitales por una avería informática, insistieron en que no podían abrir la puerta. Entonces les sugerimos mantener una charla con un responsable a través de la cristalera, o hacerles llegar la documentación que queríamos entregar por un resquicio de la puerta. Tampoco: la oficina parecía haber sido sellada como respuesta a algún misterioso riesgo de contagio bacteriológico.

Cual fue nuestra sorpresa cuando, esperando pacientemente a la reapertura, aparecieron varios agentes de policía. A través del transmisor de uno de ellos pudimos escuchar las palabras “mientras se mantengan pacíficamente…” antes de que el agente bajase el volumen. Algo nos hacía sospechar que aquellos servidores públicos no habían venido a ocuparse de la avería (como luego nos aseguraron en la sucursal) sino a enfrentarse a un imaginario tumulto provocado por una turba sanguinaria de afectados por la hipoteca. Entonces, la policía accedió a la sucursal, sin que la apertura de las puertas desencadenase ninguna catástrofe aparente. Intentamos explicarles que nuestra única intención era entregar un documento para que lo sellasen y que la clienta tenía derecho a ser atendida. Mientras tanto, un grupo de clientes estupefactos comenzaban a acumularse en la puerta de la sucursal, transmitiendo a través del cristal su necesidad de realizar transacciones urgentes. Un señor de unos sesenta años comentaba atónito a la policía que él solo quería hacer un ingreso. Una señora exclamaba desesperada que necesitaba un papel para completar una operación que había dejado inacabada minutos antes del cierre de la oficina.

En ese momento, acudimos al insólito recurso de utilizar a la policía nacional como mediadora con la entidad. Les comunicamos que queríamos presentar una hoja de reclamaciones, pero que algún poder misterioso les impedía acercarse a facilitárnosla. Entonces, en uno de los momentos más kafkianos de la jornada, un policía nos pasó los formularios por el hueco de la puerta, sin abrirla. Después de rellenarlos, se nos comunicó que no podíamos entregarlos y que debíamos acudir a otra sucursal.

La escena no tenía desperdicio: policías, clientes y vecinos aglomerados en el hall de entrada mirando con cara de asombro a través de una cristalera. Para acabar con esta hilarante imagen, los agentes decidieron recurrir a su poder persuasivo, amenazando con llamar a la UIP si no abandonábamos el hall de inmediato. Cuando les dijimos que tenían el deber de garantizar que la entidad atendiese a los clientes, nos contestaron que estábamos equivocados. Finalmente nos “invitaron” a acudir a una sucursal cercana para entregar la documentación y las reclamaciones.

Así lo hicimos, encaminándonos a la sucursal más próxima, situada en la calle Ofelia Nieto 7. Lo que la policía no entendía era por qué la solución sugerida no acababa de parecernos una buena idea. El Bankia de Ofelia Nieto 7 ocupa un lugar muy especial en la memoria de los vecinos de Tetuán. El 28 de marzo de 2012, Teresa fue desahuciada tras una brutal intervención policial que dejó varios heridos y ocho compañeros acusados de desobediencia, causa que finalmente fue sobreseída. La intensa campaña de presión en la infausta sucursal no consiguió que el desahucio fuese aplazado unos días, el tiempo necesario para que Teresa se sometiese a una revisión médica antes de viajar a Ecuador. Unos meses después, la sucursal de Ofelia Nieto volvía a convertirse en objeto de una campaña para evitar el desahucio de Adriana, caso que aún sigue abierto. Durante toda una semana, compañeras de la Asamblea de Tetuán permanecieron en las puertas de la sucursal sin que en ningún momento ésta se prestase a negociar.

La tradición de “cariño y respeto” mutuos entre nuestro grupo de vivienda y  la sucursal de Ofelia Nieto hacía prever que la acogida no sería demasiado entusiasta. Quizá por la pérdida de costumbre, un grupo de cinco personas logramos acceder con Luisa a la sucursal y solicitar una reunión con el director. Sin embargo, la persona que nos atendía recibió inmediatamente una llamada y su expresión cambió repentinamente. “Sí, están aquí. Seis”. La sucursal de Francos Rodríguez acababa de alertar de nuestra probable visita. Inmediatamente gritó “!cerrad la puerta!” y el resto de grupo volvió a verse con la cara pegada al cristal para otear lo que sucedía, delante de la cola de clientes que volvían a acumularse en la entrada. El director recibió la documentación visiblemente nervioso, mientras la empleada se dirigía “cariñosamente” a uno de nuestros compañeros, del que guardaba un intenso recuerdo de anteriores visitas.

Una vez que el grupo se había disuelto, dos personas consiguieron entrar en la sucursal de Francos Rodríguez y comprobar que la misteriosa avería había sido reparada tan pronto como nos marchamos. Un agente de seguridad que había estado alternando entre ambas sucursales les siguió de cerca mientras eran atendidos. Entonces recibieron una explicación digna de mención: la sucursal había cerrado por una avería en el “reciclador”, que impedía abrir las puertas por motivos de seguridad y les condujo a llamar a la policía.

El comportamiento ridículo de Bankia, además de ofrecernos una jornada impagable, muestra lo absurda que puede llegar a ser la respuesta de una entidad que se enfrenta a la desobediencia pacífica del vecindario. Desorientados, bloqueados y desbordados, toman decisiones estúpidas que ponen de manifiesto su incapacidad de reacción.

Nosotras volveremos. Una y otra vez. Acompañados siempre de un “reciclador” de repuesto.

 

2 responses to “Ridículo espantoso de Bankia. Cierran dos sucursales e impiden entrada a los clientes para evitar recibirnos”

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